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Archivos Mensuales: septiembre 2013

Portada-Hacia-la-sobriedad-feliz

Hace unos meses Eme me regaló Hacia la sobriedad feliz (Errata Naturae), de Pierre Rabhi, un libro que he tenido la oportunidad de seguir su traducción con maña y cariño durante muchas tardes. Ver su nombre escrito en las primeras hojas o leer a pie de página sus N. de la T., son cosas que me hicieron feliz.

Es cierto que el traductor ocupa un espacio de subalternidad en la literatura. Su labor es una forma de invisibilidad y desaparición en la trama del lenguaje y, sin embargo, sus huellas subsisten en el seno de las palabras. Es imposible deshacerse de ellas. Por eso, aunque digan que una traducción es la apropiación de la voz de otro, ayer, al dejar este libro en la mesita de noche, pensé que también puede ser otra forma de tener a los amigos cerca.

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susan sontag

Es Susan Sontag. Es un disfraz de oso. Es una imagen que no puedo dejar de mirar. Una de las cosas que hacen más interesante la foto, además de la particular indumentaria de Sontag, es que no parece estar posando para la fotógrafa (Annie Leibovitz, por cierto). Todo lo contrario. El efecto es casi el resultado de un robado. Su actitud ante la cámara parece la de quien es sorprendido en una sesión rutinaria de trabajo. Creo que esa es parte de la fuerza de la imagen. Me gusta esta foto de Susan Sontag. Me gusta por lo que tiene de subversiva, porque es capaz de agrietar la imagen habitual del escritor. Me gusta que Wikipedia diga siempre intentó hacer pensar desde otro punto de vista.

JD Salinger Portrait Session

Por lo visto Salinger una vez dijo quiero que me dejen absolutamente solo. Y se aisló del mundo, se recluyó en una cabaña y decidió dejar de publicar. Después, durante cincuenta años, se esforzó en desaparecer. Reconozco que la figura y el posicionamiento de Salinger me ha causado siempre una cierta fascinación. Su marcada voluntad de huida lo terminó convirtiendo en una especie de anacoreta o desaparición de sí mismo. Como quien se hace con un pasaporte hacia la inexistencia, hacia la extinción total, y se dice a sí mismo lo que Jota en una canción de Los Planetas.

Hace unos días terminé de leer El vano ayer (Seix Barral), la novela de Isaac Rosa, que no deja de ser es una reflexión de la memoria como lugar de partida a las preguntas. En este sentido, se trata de un texto poliédrico, que indaga en los modos en los que es recordado el franquismo. Un texto que se dice y se desdice, en constante diálogo con el lector y en permanente conflicto consigo mismo.

Al poco de empezar a leerla, te das cuenta de que esta no es otra novela sobre el pasado reciente. Aquí la cosa se adensa, acumula capas. Aquí se desnudan y exponen los moldes y mecanismos narrativos de los que están hechas las habituales aproximaciones al tema: su made in. Aquí al lector se le otorga la capacidad de decidir si los acepta o no.

Lees novelas así y  te dices que si la historia y el presente están hechos de sedimento y pasado, esta novela también. Te dices que aún, en cada una de sus capas, hay un pasado que cuesta mirar. Te dices que, sin duda, Isaac Rosa es un autor a seguir y a tener en cuenta entre los escritores de su generación.