El oficio del traductor

Portada-Hacia-la-sobriedad-feliz

Hace unos meses Eme me regaló Hacia la sobriedad feliz (Errata Naturae), de Pierre Rabhi, un libro que he tenido la oportunidad de seguir su traducción con maña y cariño durante muchas tardes. Ver su nombre escrito en las primeras hojas o leer a pie de página sus N. de la T., son cosas que me hicieron feliz.

Es cierto que el traductor ocupa un espacio de subalternidad en la literatura. Su labor es una forma de invisibilidad y desaparición en la trama del lenguaje y, sin embargo, sus huellas subsisten en el seno de las palabras. Es imposible deshacerse de ellas. Por eso, aunque digan que una traducción es la apropiación de la voz de otro, ayer, al dejar este libro en la mesita de noche, pensé que también puede ser otra forma de tener a los amigos cerca.

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