Casi la soledad

tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado.

– Emily Dickinson

 

se sienta en el sofá. Toma el libro. Piensa en leer un rato, aunque en realidad no tiene ganas. Levanta la vista del libro. Mira la calle a través de las ventanas. Si ahora fijase la vista en el cristal, vería su rostro y mirándose a los ojos quizá pudiera sentir casi la soledad que le ha dejado.

 

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