La escritura discontinua

En una entrevista Mircea Cărtărescu cuenta, apropósito de la escritura diarística, que cuando está desesperado o infeliz se da con la frente contra el diario como si fuera el muro de las lamentaciones. Por el contrario, en los días mejores no toma ninguna nota. Cuando estoy contento, dice, no escribo nada en él. Me pregunto si se puede expresar por escrito la felicidad, si es en la elipsis de la escritura, en sus huecos en blanco, cuando la felicidad sucede.

En no sé dónde he leído que Philippe Lejeune dice que los diarios que se publican en Internet son mucho menos melancólicos que los diarios íntimos de verdad. Puede que tenga razón. Y, sin embargo, el diario abierto no deja de ser también el registro del rostro sucesivo de su autor. Creo que esto es inevitable. Escribimos para que el tiempo no nos borre del todo. Me acuerdo entonces de esa incontenible pérdida de existencia de la que hablaba Christa Wolf.

 

 

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