archivo

Archivos Mensuales: diciembre 2015

Hay cinco: La herida en la lengua, Chantal Maillard (Tusquets); La idea de la ceniza, María Virginia Jaua (Periférica); Últimas noticias de la escritura, Sergio Chejfec (Jekyll&Jill); Solo, August Strindberg (Mármara); Siamesa, María Ramos (El Gaviero).  El primero me punzó el vértigo de decir, la palabra escindi da, su balbuceo. El segundo me conmovió lo que late bajo el texto, su forma de acantilarse. El tercero sabía que no me iba a decepcionar y fue imposible leerlo sin tener un lápiz a mano.  El cuarto es una pequeña joya que me acompañó varias tardes en tren. El quinto todo un descubrimiento.
.
Escribiendo todo esto me acuerdo de varias cosas: que Félix Romeo fue mi amor de primavera y Natalia Ginzburg mi amor de verano, que la temporada otoño/invierno la he dedicado a Sergio Chejfec. Que cada vez más muchos de mis libros llevan la recomendación de las libreras de Pynchon&Co, ese pequeño paraíso libresco en el que amenazo acampar un buen día. Que son maravillosas y absolutamente necesarias las bibliotecas públicas, que tengo la suerte de contar cerca con varias de ellas con catálogos estupendos y me han dado más de una sorpresa con pequeños hallazgos sumergidos en sus fondos.

la-herida-en-la-lengua

virginia jaua idea de la ceniza.cdr

ultimas-noticias-de-la-escritura

solo

siamesa

Anuncios

22. diciembre. 2015 / Martes.  Cruza la frontera y para evitar sustos decide viajar sin datos. Comienza pensar cada gesto previo que implique el uso del teléfono. Me cuenta que sin pretenderlo vuelve a esa época en la que las relaciones no estaban mediadas por el teléfono móvil. No cabe duda que los viajes son un territorio idealista, en ellos podemos hacer todo lo que en la vida real no nos atreveríamos.

23. diciembre. 2015 / Miércoles. Me cuenta que en danza aprende a caer. Me enseña instrucciones para la caída. No lo sabe pero en ese gesto suyo encuentro algo de la melancolía, algo de ese fracaso, esa poética que se revierte en la obra de Bas Jan Ader. Antes de marcharnos del café le digo: Ader. Arde cae. Cae al suelo, cae al agua. Le hablo del vídeo aquel en el que el tipo pedalea hasta caer en bicicleta a un canal en Ámsterdam. En su teléfono leemos que en una entrada de su cuaderno escribió: mi cuerpo practicando estar muerto. Supongo que eso es en síntesis su obra.

24. diciembre. 2015 / Jueves. Me cuesta conciliar el sueño. Recopilo palabras que abren grietas, crean abismos a dos lados. Al día siguiente todo parece más relativo.

 25. diciembre. 2015 / Viernes. Le digo: un doble fondo, una escritura de doble fondo. A veces dudo si puedo escribir aquí todo lo que escribiría si no escribiese. Tengo la sensación de estar metido dentro de un personaje. La voz de otro. Al final deberé darle la razón a Lejeune cuando dice que los diarios en Internet son mucho menos melancólicos que los diarios íntimos. Hago un esfuerzo por quitarme de encima a este que soy cuando escribo estas notas.

Por aquí respondo al cuestionario de la revista La Galla Ciencia, en las Entrevistas 12&21. Doce preguntas sobre escritura y poesía y alguna que otra cosa más.

la-galla-ciencia

¿De qué le salva la poesía?

No sé si salva. No sé si libera. Sospecho que la escritura también abre grietas, crea hendiduras, agujerea la realidad para de algún modo intervenir en ella. A veces escribir es explorar ese abismo y en la práctica de la escritura uno se entretiene en ese borde y lo estudia. Pero me gusta aquello que leí a Magris, aquello de que interpone entre la soledad y él una red de palabras, que encuentra en los libros la oración que recitan los salvados del naufragio.

¿Un verso para repetirse siempre?

Para repetirnos siempre alguno de Walt Whitman. El inicio de Canto a mí mismo me parece una bella letanía. Una letanía luminosa.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

Sería bueno que hubiera más de uno.

Amor, muerte, tiempo, vida… ¿cuál es el gran tema?

No hay tema menor.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?

Tantos…

¿Escribir, leer o vivir?

Escribir, leer y vivir. Y que el orden de los factores no altere el resultado. Aunque le diré una cosa, me resultaría difícil vivir sin leer.

¿Dónde están las musas?

Eso es algo inexplicable. Virginia Wolf pedía una habitación propia. Proust necesitaba una forrada de corcho. José Hierro no podía escribir fuera de bares y cafeterías. Me gusta imaginarme las mañanas de Borges en la bañera meditando sobre si lo que había soñado la noche anterior daría para un poema o relato. Luego está lo de Derrida a la hora de escribir, que es algo que no deja de asombrarme. Sean musas o algo más prosaico como las manías, aquello no deja de tener algo de inexplicable.

¿Qué no puede ser poesía?

Como hipótesis supongo que casi todo puede ser poesía o al menos sí que me parece que la poesía puede encontrarse en cualquier medio de expresión que incluya las palabras. No creo que la poesía sea algo sagrado.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?

Algunos de los últimos son La imagen y su semejanza, de Javier Moreno (La Garúa) y Siamesa, de María Ramos (El Gaviero).  Luego está Getsemani, KY, de Ernesto Cardenal, al que llegué sin proponérmelo y un poco por casualidad. Algunos de sus poemas han sido una lectura obsesiva.

Si todos leyéramos versos, el mundo…

Explotaría o algo parecido. Ya lo dijo Camilo Sesto: vivir así es morir de amor.

Tres autores para vencerlo todo.

San Juan de la Cruz podría ser ese autor con el que vencerlo todo.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

No es algo que me preocupe excesivamente, aunque es cierto que necesito escribir a mano para romper el hielo, digamos. En cierto modo, me gusta pensar que la escritura es una labor física, que escribimos con todo el cuerpo, incluso cuando no es a mano.

 

14. diciembre. 2015 / Lunes. Ricardo Piglia dice que uno escribe porque está desajustado con la vida. Últimamente casi no apunto nada. Igual hasta se trate de una buena racha.  

15. diciembre. 2015 / Martes. De camino al trabajo veo a varios grupos de mayores jugando a la petanca. Como hoy hago el camino a la inversa los puedo ver a lo lejos en las pistas. Son hipsters, pero no lo saben.

17. diciembre. 2015 / Jueves. Se acaba. Intento sacar algunas conclusiones de este año raro, a veces triste, pero también bueno y valioso. Creo que no lo echaré en falta. Suscribo las palabras de Isabel Bono y deseo que lo pequeño nos salve de lo que nos aplasta. Releo algunas de estas notas. Es una especie de extrañamiento. Me asombro, como si fuese otro.

18. diciembre. 2015 / Viernes. Ailurofilia. Hacia el final de la cena comienzan a enseñar las fotos de sus respectivos gatos. Todos adorables y encantadoramente tiernos. En ese momento los que no tenemos gato quedamos al margen de la conversación. Quizá para la próxima cena me descargue algunas imágenes en el móvil y finja la biografía del gato que no tengo. Empiezo a considerar esa opción.

19. diciembre. 2015 / Sábado. El día era hoy.

 

 

Del 30. diciembre. 2015 / Lunes. Guardo imágenes, comentarios, algunas frases. La conversación del otro día. Leo un poema que dice que los etimólogos dicen que recordar significa traer de nuevo al corazón. Según Joseph Brodsky lo que al final queda de un hombre suma sólo una parte. Un fragmento de su habla. Una parte de la oración. Supongo que escribo estas notas por imposibilidad de recordarlo todo de manera fiel y precisa. Un personaje de Andrew Haigh dice que cuando conoces alguien por primera vez, te conviertes en un lienzo en blanco donde puedes proyectar quién quieres ser. Imagino que estas notas guardan también algo de eso. Podría decir que escribo para interrogarme en un futuro que desconozco, pero en el fondo se trata solo cabezonería. Aún así, anoto menos cosas que antes. Hay días que no escribo nada. En el fondo, mi soledad está hecha con más descuido que esmero. No tengo miedo a olvidar, pero sé que no es cierto del todo.

1. diciembre. 2015 / Martes. Llaman al teléfono. El tipo hace varías preguntas. Le digo un par de cosas y cuelga. Sin retorica. Sin zalema. Por un momento dudo si sigue ahí.

2. diciembre. 2015 / Miércoles. Aparece exultante, con una sonrisa en la cara, feliz. Nada más sentarse me dice que le va a tocar el Gordo de Navidad. Y lo dice tan convencida que sólo puedo creérmelo. Me cuenta que ha tenido un sueño premonitorio que le revelaba donde va a tocar y en una servilleta de papel me anota el número mágico con el que ha soñado. Compra uno, me dice.

3. diciembre. 2015 / Jueves. Cena en casa de R. Desde que ha vuelto de sus viajes apenas nos hemos visto. Esta noche me dice que tiene pensado macharse a Madrid. A mi la noticia me apena y se me nota el gesto de inmediato. No puedo disimularlo.

4. diciembre. 2015 / Viernes. La frase de Chéjov cuando dijo que la felicidad no existe, pero que existe el deseo de ir hacia ella. Algo así.

6. diciembre. 2015 / Domingo. Suena el teléfono y reconozco una voz amiga. Al colgar me doy cuenta que casi no he hablado con nadie durante el día. Unas pocas palabras al salir a la calle o por teléfono o al comprar el periódico o tomar un café. Hay días que son una escuela de economía verbal.