Un día de diciembre

14. diciembre. 2015 / Lunes. Ricardo Piglia dice que uno escribe porque está desajustado con la vida. Últimamente casi no apunto nada. Igual hasta se trate de una buena racha.  

15. diciembre. 2015 / Martes. De camino al trabajo veo a varios grupos de mayores jugando a la petanca. Como hoy hago el camino a la inversa los puedo ver a lo lejos en las pistas. Son hipsters, pero no lo saben.

17. diciembre. 2015 / Jueves. Se acaba. Intento sacar algunas conclusiones de este año raro, a veces triste, pero también bueno y valioso. Creo que no lo echaré en falta. Suscribo las palabras de Isabel Bono y deseo que lo pequeño nos salve de lo que nos aplasta. Releo algunas de estas notas. Es una especie de extrañamiento. Me asombro, como si fuese otro.

18. diciembre. 2015 / Viernes. Ailurofilia. Hacia el final de la cena comienzan a enseñar las fotos de sus respectivos gatos. Todos adorables y encantadoramente tiernos. En ese momento los que no tenemos gato quedamos al margen de la conversación. Quizá para la próxima cena me descargue algunas imágenes en el móvil y finja la biografía del gato que no tengo. Empiezo a considerar esa opción.

19. diciembre. 2015 / Sábado. El día era hoy.

 

 

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