archivo

Archivos Mensuales: enero 2016

13. enero. 2016 / Miércoles.  Esta mañana encuentro anotado en el móvil que el uno de diciembre de dos mil catorce, pasadas las seis de la tarde, anoté algo así como que uno sólo puede escribir sobre sí mismo, incluso cuando cree escribir en nombre de otros. Por un momento dudo de si realmente he escrito yo eso. Nada tiene que ver esto con la nostalgia. Es sólo un extrañamiento, algo que se hace inevitable: la imposible restitución del yo que lo escribió y que, sin embargo, reconozco.

14. enero. 2016 / Jueves.  En el camino de vuelta a casa paso cerca de una terraza donde una chica le dice a otra: “lo mio es cuestión de hacer dieta, pero lo de tu cara no tiene nombre”, y lo repite varias veces mientras la otra permanece impasible. Me quedo con ganas de saber qué le responde a un comentario así.

17. enero. 2016 / Domingo.  La semana pasada O. me dejó algunos libros para mis próximas lecturas. Hace unos días comencé a leer uno de ellos: Respiración artificial, de Ricardo Piglia. Una de las cosas más fascinantes de leer libros prestados es atender a los subrayados y las pequeñas notas hechas en los márgenes de sus páginas. Esas marcas son pequeños tesoros que pueden llegar a condicionar la lectura. Al fin y al cabo, se trata de una forma de presencia del otro fijada en sus anotaciones y subrayados. Conforme avanzo en la lectura, comienzo a darme cuenta que no siempre nuestros criterios al subrayar una frase o una forma de contar coinciden y me pregunto entonces por la elección de determinadas cosas y no otras. Me gustaría pensar que, quizá, unidos como un hilo todos esos fragmentos subrayados puedan llegar a decir algo que desconozco de O., como en un mensaje cifrado.

francisca-pageo-samuel-beckett

Palabras, pese a todo: Samuel Beckett o la escritura del desasistimiento

Cada palabra es una mancha innecesaria en el silencio y la nada, dijo, como si traer el silencio fuera el papel del lenguaje. Según García Landa* podemos pensar en ese silencio como una manifestación del caos que Beckett quiere acomodar en el interior de su escritura. En el interior de la obra de Beckett todo se deshilacha. Es una devastación. La extenuación de las palabras, su fractura, el rompimiento del lenguaje y del silencio. Su escritura marca el fin de la estructura narrativa, también el de la Modernidad. Es quiebra, grieta, fisura. Beckett propone una escritura que se niega a sí misma, una escritura concebida como tachadura, como borrado, como una forma de despojamiento. Alguien dice que en Beckett asistimos a la creación de una poética radical. Algunos autores consideran que en el propio ejercicio de su escritura se tachaba a sí mismo, como como un modo de decir desdiciéndose. Exacto, terminal, doliente, el lenguaje en Beckett se asoma al abismo, profundiza un grado más en ese proceso dedesasistimiento que caracteriza a la radicalidad de su escritura. La escritura me ha llevado al silencio, dirá en 1968 a Charles Juliet**, sin embargo tengo que continuar… Estoy frente a un acantilado y tengo que seguir adelante. Es imposible, verdad. Sin embargo, se puede avanzar. Ganar unos cuantos miserables milímetros (…). Para avanzar así, hasta el núcleo del más íntimo silencio. Pese a todo. Aún. Todavía. Escribir. Seguir diciendo, seguir escribiendo. Palabras, pese a todo.

*José Ángel García Landa, ‘Silence Once Broken’: Metalenguaje y Clausura Narrativa en Beckett, en Miscel-lània homenatge Enrique García Díez (Valencia: Universidad de Valencia, 1991), págs. 117-28.

**Charles Juliet, Encuentros con Samuel Beckett, Madrid: Siruela, 2006.

Collage: Francisca Pageo

[Publicado en revista Détour, 8/01/2016]

Captura de pantalla (46)

Una lista de cosas. Todo fin de año exige que haga memoria. Ahora, por ejemplo, pienso en algunas de las cosas que he hecho este año y en algunas que debería hacer antes de morir: ser librera por un día, recorrer en Vespa la línea de costa con el viento golpeando fuerte en la cara, tener algunas plantas, aprender a disfrutar más. Escribo recuerdos de un año ajetreado. Pienso en Perec: apuntes sobre la memoria y el olvido. Recuerdo los descartes de la vida de un hombre feliz, de Jonas Mekas, en aquella sala de cine casi solitaria. Recuerdo las cartas que no he escrito, las que he escrito, las que no llegaron, las que quedan por venir. Las noches de verano cuando todo el mundo duerme mientras leo en el sofá. Los últimos paseos por una ciudad que aún desconozco. Aunque apunto menos que antes, escribo. Escribo que has tomado trenes en todas las direcciones, he escrito poemas, me he enamorado, te he desenamorado. Escribo todo esto como una vez lo escribió Bolaño a su padre. Alguien dice que se escribe para olvidar, pero no le crees. En el diario de Sontag leo que escribir es gastarse. Escribir es gastarse, eso anoto. Ahora deseo no perder el entusiasmo. Ahora deseo que el deseo siga trabajando.