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Archivos Mensuales: febrero 2016

13. febrero. 2016 / Sábado. Dice Andrés Trapiello que van al diario justamente aquellos que salen de una conversación con la sensación de que tenían que haberle dicho eso a alguien. Siempre se me ocurre la respuesta dos horas después. También estos apuntes como remedio homeopático de algo, aunque no sé muy bien de qué.

14. febrero. 2016 / Domingo. Tomar café en las terrazas. Permanecer en un banco mientras esperas. Observar a la gente pasar. Comprar el periódico temprano para leerlo después en el tren. Pasar el final del día leyendo en la cama antes de apagar la luz. Es una celebración. Escribo pequeñas epifanías de esos momentos en los que nada sucede.

 

llamada-perdida

Libros pendientes de terminar, libros pendientes de leer, libros de los que no quiero desprenderme. No es una mesa de novedades, pero mi mesita de noche está abarrotada de libros. Esta semana pasada me he sumergido en la lectura de Recetas para astronautas, de Basilio Pujante (Balduque), un libro de relatos espléndidos al que tenía ganas de hincar el diente y del que escribiré con detenimiento más adelante.

Junto a él todavía guardo el maravilloso libro de Anatole BroyardCuando Kafka hacía furor (La Uña Rota), una bella carta de amor que el influyente crítico de The New York Time y director de su suplemento literario escribió a la ciudad de Nueva York. Una breve biografía de juventud donde relata sus primeros años en el Greenwich Village, tras volver de la II Guerra Mundial. Sé que no tardaré mucho en hacerme con Ebrio de enfermedad (y otros escritos de vida y muerte), un libro que promete ser otra pequeña maravilla literaria de este autor casi secreto.

Por cosas de los préstamos bibliotecarios, semanas atrás abandonó la mesita el último libro de Gabriela WienerLlamada perdida (Malpaso), una de esas novedades que te sorprenden en la visita a la Biblioteca Regional. Tenía curiosidad por leer a Wiener y tenía curiosidad por leer este libro de Wiener que algunos catalogan como periodismo literario, pero que es también una reflexión sobre el propio cuerpo. Confieso que mis expectativas se han visto cumplidas.

En estos días vuelvo también a El cielo oblicuo, de Belén Gopetegui (Errata Naturae), un libro feroz que voy degustando poco a poco. Hay determinados libros de los que resulta complicado desligarse. Y este, sin duda, es uno de ellos.

 

 

26. enero. 2016 / Martes. Peluquería. Quiere que le acompañe y me quede con ella haciéndole compañía. Ajena a la conversación que mantiene, escucho que dice que soy un ave nocturna, que me acuesto tarde trabajando y leyendo. Cree que me he dormido, pero sólo leo. Me acuerdo de Un peluquero de señoras, aquel libro tan loco y disparatado de Philippe Lejeune. En la espera me siento madre de mi madre. En la historia de todas familias hay un momento en que las edades se superponen y el orden natural parece no tener sentido.

30. enero. 2016 / Sábado. Es uno de los mejores momentos del día. Me dirijo al quiosco dando un paseo tranquilo, después de tomar el primer café de la mañana. Me tomo un tiempo cuando llego: hojeo los periódicos, algunas revistas. En la mesa está colocada cuidadosamente la prensa del día.