Ahora, con el permiso de ustedes, voy a escribir esta entrada

portatilNo sé qué deciros. No sé qué decir. O me pregunta si quiero hablar. No sé si quiero hablar ahora. No tengo fuerzas. Hay días que tengo ganas de escribir y nada, nada que decir. Nada claro, quiero decir. Hoy es un día de esos. Hoy es abril, es jueves, no tengo claro que haya sido un mal día. Un tipo habla de la pérdida de fe en las palabras. Pero no se trata de eso. No es eso. Creo que no. No ahora.

En estos días leo que Joyce y Beckett se pasaban horas juntos sin hablar. Dicen que era para sentir confianza. Pues vaya. Los apaches, por lo visto, pueden permanecer callados durante semanas. Fomentan el silencio. Pues vaya. Dicen que cuando se enamoran, cuando regresa un hijo tras un tiempo, cuando alguien acaba de morir pasan días sin hablar para observar cómo han cambiado.

Leo estas cosas y repaso otras que he ido anotando en estos días y recuerdo el poema de José Emilio Pacheco Los días que no se nombran: “En vano trato / de recordar lo que pasó aquel día. / Estuve en algún lado, / hablé con alguien, / leí algún libro… / Lo he olvidado todo. / A tan sólo unos meses de distancia / parece que las cosas sucedieron / en el siglo XIV antes de Cristo”. Y anoto estas cosas en el cuaderno. Estas cosas que no le cuento a O, pero que aquí escribo para cuando las lea. ¿Acaso las leerá? Ahora, con el permiso de ustedes, voy a escribir esta entrada.

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