Trescientos días de sol

el-puerto

26. septiembre. 2016 / Lunes. Esta noche al fresco del ventanal tomo un librito de Juan Ramón Jiménez que el otro día saqué de la biblioteca. Me gusta abrir el libro y a su suerte leer lo que encuentro. Estos versos: “No dejes ir un día, / sin cogerle un secreto, grande o breve. / Sea tu vida alerta / descubrimiento cotidiano. // Por cada miga de pan duro / que te dé Dios, tú dale / el diamante más fresco de tu alma.”

29. septiembre. 2016 / Jueves. Libros subrayados, con esquinas dobladas y dibujos o breves notas al margen, pequeños papeles y marcapáginas. Decía Margerite Yourcenar que la mejor manera de conocer a alguien es ver su biblioteca.

30. septiembre. 2016 / Viernes. Me levanto temprano y salgo a la terraza. Me gusta esta primera hora limpia, fresca aún del día. Es un rato mágico de lectura sin interrupciones. No hay nadie, pero este silencio no es silencio sino cántico. Este verano leía en esta misma terraza a Daniel Pennac y subrayaba alguna de sus ideas: “El mundo entero está en lo que decimos… y enteramente iluminado por lo que callamos”. Y anoto aquí esta mañana, y su luz que no se acaba nunca, y escribo para que llegue el calor de las palabras. Me gustaría decirle esta luz que brota a cada instante y así transcurre en la calma del sosiego y la lectura. Y este silencio mio ensimismado. Y aquello que dice Rosa Montero. Que la vida se conquista cada día. Que nunca seremos tan jóvenes como hoy.

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