Un macuto pesado con libros de más

orilla_

Este afán de registrar la vida, cosas nimias, en cuadernos. No hay nada más ridículo. No hay más que palabras. Palabras que escribo tentadas por la blancura del cuaderno. A medida que voy llenando estos archivos compruebo que siempre estoy en el mismo sitio, apuntando lo mismo. Será el ánimo. Aunque hayan sucedido por temporadas cosas tan buenas como penosas, sin embargo, a plena luz, este mismo rumor de fondo.

Me dice que noséquién gana en las distancias cortas, pero que es más interesante de lejos que de cerca. Y me asegura que no es una contradicción. Y supongo que debo de creerle.

Me molesta cuando dicen: “Luchó contra el cáncer” y hablan de la enfermedad como una batalla. Hay algo de perverso en ese discurso. Ya bastante tiene el enfermo con morir como para además terminar siendo un perdedor.

Lío en la mesilla de noche. Se acumulan los libros, y voy de uno a otro como un saltimbanqui y con tanto salto termino por no acabar ninguno. Lo peor de todo viene cuando marcho fuera unos días. Soy incapaz de elegir uno sólo. La piedra de Sísifo era un macuto pesado con libros de más.

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