El pan desnudo

casa03. febrero. 2017 / Viernes. Son las diez y catorce minutos en el reloj digital de la sala. Las diez y dieciséis minutos en el reloj del teléfono móvil. Las diez y trece minutos en el reloj que marca los quince grados de esta mañana. Nadie lo diría: siempre es el mismo día, pero jamás la misma hora. Tan exactos y artificiales, la precisión tiránica de los relojes digitales es la primera mentira de la vida social. El reloj de pulsera con manecillas no solo debería quedarse, sino regresar.

04. febrero. 2017 / Sábado. Mira de qué manera va cayendo la tarde. Qué breve el signo de un solo día. ¿Cómo podré callarme esta hora, esta entrega de estar solos bajo el sol de invierno? Es gratitud la tarde que acaba y va marchándose. Una a una, a cada instante, su luz se dice en cada cosa. 

05. febrero. 2017 / Domingo. Sobre la mesa, el pan desnudo. Una granada: su resplandor. Desde el balcón llegan risas de niños. Escribo poco de estos días hermosos, que son míos, porque no se dicen, ni se registran, ni se marcan.

06. febrero. 2017 / Lunes. Después del trabajo paso por la biblioteca y, como siempre, la devolución de préstamos es la excusa para volver con libros bajo el brazo. Al llegar a casa, comienzo con la lectura de Guardar las formas, el libro de relatos de Alberto Olmos que publicó el pasado año Random House. Leo con ganas. Me están gustando mucho sus finales abruptos, cerrados, secos, sin dilaciones. Después de cada relato, acabo siempre recomendando la lectura a O. Le digo que es perfecto para las sesiones que montan en Santa Maca.

Las películas tienen la música final y los títulos de crédito. Los conciertos se cierran con bises o aplausos. Pero los libros nada. Nada suaviza su vacío final al pasar la última página. Hay libros así, que hacen pensar en el lector como sujeto deseante. Leer es desear. Leer es desear que un libro no se acabe nunca.

09. febrero. 2017 / Jueves. No escribo para Google. No pienso en el SEO. No me importan las técnicas de posicionamiento. No mantengo regularidad en las publicaciones. Últimamente, las entradas no dan enlace a redes sociales. Durante un tiempo, incluso, no añadía imágenes. Ahora me ha dado por no utilizar etiquetas, ni tags, ni keywords. No incluyo vídeos, ni enlaces externos. No hay mucho feed-back, ni branding. A veces ni comparto en redes las entradas más recientes. Y no importa. De hecho, no me importa nada.

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1 comentario
  1. Deberías poner al menos la opción de Me gusta. Muchas veces la utilizo para decir he estado aquí, te he leído. No siempre lo que vemos en las redes es de altísima calidad literaria (no es tu caso), pero siempre es un aliciente para no aflojar. La escritura es maravillosa en la misma proporción en que es soledad en su más alto grado.

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