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Entrevistas

El otro día hablaba con Daniel J. Rodríguez para La Opinión de Murcia y aquí está la charla completa en la que charlamos sobre libros, escritura y mucho más.

­­­La OpiniónLa belleza de lo simple; lo inmenso escondido en lo más pequeño; un susurro leve, casi imperceptible, que suena como un grito. Beatriz Miralles ha publicado un libro en el que pule los versos hasta reducirlos a lo mínimo. Un ejercicio de síntesis que busca descomponer el mensaje, acudir al «esqueleto» de lo que busca transmitir. Libros como Oscura deja la piel su sombra (Balduque, 2016) legitiman la existencia de colecciones como AB9 –donde ha aparecido el poemario de Miralles–, que buscan dar espacio a nuevas voces. La suya es auténtica, personal y armoniza con la propia personalidad de la autora: discreción, silencio, armonía… son piezas constantes en ella.

Lleva escribiendo tiempo y es un activo importante dentro del panorama cultural y literario de la Región, ¿por qué llega ahora la publicación?
Supongo que durante este tiempo he desarrollado la seguridad suficiente para decir: no, solo más tarde. Se trataba de hacer cimientos, fijar raíces. Me gusta pensar que escribir no es hacer, sino aposentarse.

La brevedad es la bandera de sus versos en este libro, ¿se puede decir mucho con tan poco?
Muchos de los poemas del libro son casi el esqueleto de un poema, su balbuceo. La voz o el tono del libro se van haciendo en los desbordes de esos poemas, en todo aquello que resuena más allá del papel. Explorar esos límites, tensionarlos es uno de los aspectos que más me interesan en el libro. En una de las notas que recoge Diario anónimo, Valente dice que un poema no se mide tanto en el plano de la extensión como en el de la duración. De eso se trata.

¿Es una forma de buscar la esencia de las cosas que quieres contar?
En este libro me interesaba mucho el proceso de borrado como administrador de ausencias. Dicho esto, me gusta pensar en los libros como un material orgánico donde es importante reposar la materia bruta. En mi caso, este sistema me permite no tener piedad sobre lo escrito. Es un ejercicio de descomposición. No persigo tanto un afán de corrección como una voluntad de liberación, de pérdida de ornamento, de discursividad adherida.

¿Sombra es para usted sinónimo de oscuridad?
Ambos conceptos son parte del remanente en el que se inscribe el territorio del poemario, del lugar de intervención que ocupa. Todo en este libro es epitafio. Los poemas de Oscura deja la piel su sombra, como bien lo describió Francisco Jarauta en la presentación del libro, surgen de esa intemperie hecha de restos y hiatos.

En un poema reconoce que escribe «para conocer la oquedad de la sombra», ¿qué quiere decir con eso?
Sospecho que la escritura también abre grietas, crea hendiduras para de algún modo intervenir en ella. A veces escribir es explorar ese abismo, como si en la práctica de la escritura uno se entretuviera en ese borde y lo estudiase. Como si fuera esa la manera de ahondar. De todas formas, no siempre es necesario entender un libro para disfrutar de él. Y al decir «no entender» no me refiero a «no saber de qué va», sino a no poder hacernos una imagen clara y definida de la totalidad de lo que se está expresando.

¿No hay algún otro detonante en tu escritura?
La poesía ha sido mi heterodoxia. Por otro lado, en casa de mis padres la biblioteca ha ocupado siempre un espacio importante. Me animo a decir que todo eso deja su marca. Pienso en aquello que leí a Magris, aquello de que interpone entre la soledad y él una red de palabras, que encuentra en los libros la oración que recitan los salvados del naufragio.

¿Qué sensaciones pretende crear en sus lectores?
En el fondo creo que no soy yo quien debe dialogar con los lectores, sino mis poemas. Yo soy solo un residuo de ellos, algo de lo que en la lectura se puede prescindir.

La colección AB9 de Balduque se consolida con su poemario, ¿qué opinión le merece, como gestora cultural, este propósito de dar voz a nuevas voces?
Dar visibilidad a voces que de otro modo sería muy complicado conocer, y más en los tiempos que corren para la cultura, es una buena noticia. Dicho esto, no sé si soy la persona más adecuada para hacer esta valoración al ser parte del catálogo de la propia editorial.

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Por aquí respondo al cuestionario de la revista La Galla Ciencia, en las Entrevistas 12&21. Doce preguntas sobre escritura y poesía y alguna que otra cosa más.

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¿De qué le salva la poesía?

No sé si salva. No sé si libera. Sospecho que la escritura también abre grietas, crea hendiduras, agujerea la realidad para de algún modo intervenir en ella. A veces escribir es explorar ese abismo y en la práctica de la escritura uno se entretiene en ese borde y lo estudia. Pero me gusta aquello que leí a Magris, aquello de que interpone entre la soledad y él una red de palabras, que encuentra en los libros la oración que recitan los salvados del naufragio.

¿Un verso para repetirse siempre?

Para repetirnos siempre alguno de Walt Whitman. El inicio de Canto a mí mismo me parece una bella letanía. Una letanía luminosa.

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

Sería bueno que hubiera más de uno.

Amor, muerte, tiempo, vida… ¿cuál es el gran tema?

No hay tema menor.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?

Tantos…

¿Escribir, leer o vivir?

Escribir, leer y vivir. Y que el orden de los factores no altere el resultado. Aunque le diré una cosa, me resultaría difícil vivir sin leer.

¿Dónde están las musas?

Eso es algo inexplicable. Virginia Wolf pedía una habitación propia. Proust necesitaba una forrada de corcho. José Hierro no podía escribir fuera de bares y cafeterías. Me gusta imaginarme las mañanas de Borges en la bañera meditando sobre si lo que había soñado la noche anterior daría para un poema o relato. Luego está lo de Derrida a la hora de escribir, que es algo que no deja de asombrarme. Sean musas o algo más prosaico como las manías, aquello no deja de tener algo de inexplicable.

¿Qué no puede ser poesía?

Como hipótesis supongo que casi todo puede ser poesía o al menos sí que me parece que la poesía puede encontrarse en cualquier medio de expresión que incluya las palabras. No creo que la poesía sea algo sagrado.

¿Cuál es el último poemario que ha leído?

Algunos de los últimos son La imagen y su semejanza, de Javier Moreno (La Garúa) y Siamesa, de María Ramos (El Gaviero).  Luego está Getsemani, KY, de Ernesto Cardenal, al que llegué sin proponérmelo y un poco por casualidad. Algunos de sus poemas han sido una lectura obsesiva.

Si todos leyéramos versos, el mundo…

Explotaría o algo parecido. Ya lo dijo Camilo Sesto: vivir así es morir de amor.

Tres autores para vencerlo todo.

San Juan de la Cruz podría ser ese autor con el que vencerlo todo.

¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

No es algo que me preocupe excesivamente, aunque es cierto que necesito escribir a mano para romper el hielo, digamos. En cierto modo, me gusta pensar que la escritura es una labor física, que escribimos con todo el cuerpo, incluso cuando no es a mano.